Siempre debemos intentar mantener privada la comunicación entre el cliente y el servidor.
Los desarrolladores utilizan API para crear sus servicios y transferir datos. Si una API no funciona, queda expuesta o sufre brechas de datos importantes, ningún desarrollador la elegirá.
Intenta validar los parámetros de las solicitudes desde el principio. Implementa comprobaciones de validación y bloquea todas las solicitudes que no superen esa validación específica. Incluye validaciones para los tipos de entrada, los formatos y la longitud. Acepta solo determinados métodos HTTP para puntos finales específicos e incluye marcas de tiempo en tus solicitudes, de modo que solo se acepten aquellas realizadas dentro de un intervalo de tiempo concreto. Esto evita algunos de los ataques de fuerza bruta que podrían afectar a tus servidores.
Puedes llevar la seguridad de tu autenticación un paso más allá implementando el marco de autenticación OAuth 2.0. Con la ayuda de aplicaciones de terceros, puedes crear un entorno más seguro para tus usuarios.
Nunca exponga información delicada, como nombres de usuario, contraseñas, claves API, etc., en las URL. Si realmente necesita transferir esta información almacenándola en la URL, serialice los datos de forma que solo la máquina con la que necesita comunicarse pueda entender los datos recibidos.